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miércoles, marzo 14, 2012

Discos: Voces de Oro de Venezuela



La serie “Voces de Oro de Venezuela” compuesto por un paquete de seis discos de distintos artistas venezolanos: Mario Suárez, Alfredo Sadel, Luis D`Ubaldo, Rafael Montaño, Héctor Cabrera, Adilia Castillo, Héctor Murga, Magdalena Sánchez, Lila Morillo, y Olga Teresa Machado, además de buena música cuenta con textos anecdóticos y biográficos sobre estos artistas.

“Mis encuentros con Billo datan de 1944, él me dio mi primer espaldarazo como bolerista, bajo su dirección hice mi primera grabación profesional, además de que atendió a mi petición de acompañar en sus respectivos debuts a gente como Héctor Cabrera y Alfredo Sadel, mis ahijados profesionales.  Cuando él tiene que irse para Cuba, lo vimos en una situación embarazosa, ¡no ganaba un centavo en Venezuela!, y entonces para ayudarlo en su cargo de Director Artístico de Venevox me fui a Cuba do s veces a grabar, le conseguí a Adilia Castillo, a Héctor Murga, a Sadel… de allí sale la serie discográfica Voces de Oro de Venezuela” cuenta Mario Suárez en una entrevista realizada por Jesús Rafael Pérez  que aparece en el  Volumen 1 de esta colección.

Los  buenos discos son como las ollas de oro detrás del arcoíris, con la única diferencia que no son  fantasías, hay muchos buenos discos, solo que a veces no los conocemos, hay que rebuscar a menudo. Siempre ando  revisando colecciones  viejas y nuevas, mi último descubrimiento es algo que me gusta bailar (no sé si es arte, pero bailable si es...) “Sale el sol" de Shakira, sin embargo, en estos días revisando mi estudio di con esta compilación realizada por discos Velvet para los amantes de la música venezolana.

Descubre aquí, que Rafael Montaño recibió  su titulo de locutor en 1951, y en 1956 su carrera cobró un gran impulso, que Adilia Castillo nació en El Yagual el 26 de agosto de 1933 y Magdalena Sánchez viajó a Colombia, México, España y Cuba en 1959 donde grabó  junto al conjunto Los Araucanos canciones que se incluyen en esta recopilación de su  música.

Algunos textos que puedes leer en esta compilación son los siguientes: El ímpetu de Rafael Montaño, una investigación de Jesús Primera Sanoja, Magdalena Sánchez, La única por Héctor Acosta Rojas, Adilia Castillo: la novia del llano y Don Mario Suárez por Jesús Rafael Pérez, entre otros.

Calificación: 10/10

jueves, marzo 08, 2012

Tito Rodríguez en Puerto Azul Venezuela


Lo que más me gusta de las canciones de Tito Rodríguez es el ambiente que crean. Aunque no sólo fue bolerista, de su repertorio ese es el estilo que más se parece, creo, a la imagen que dejó como parte de su iconografía. Esa de  cantante romántico y elegante, que siempre canta en lugares de  luces bajitas, con el piano y la orquesta acompañando a su voz pausada que flota en el  aire. Tengo una imaginación afiebrada y cuando pienso en Tito Rodríguez, pienso en sexo, creo que deberían declararlo como un elemento afrodisíaco, a el y a su música. Tito Rodríguez es el único cantante (además de Sandro creo) que te hace el amor cuando canta, es inevitable, te seduce, te acaricia y de que modo… 

El icono puertorriqueño fue –y es- un cantante muy famoso en nuestro país, seguramente por eso grabó su álbum “En Puerto Azul Venezuela”, el cual contiene algunos boleros populares dentro de su discografía, además de imprescindibles, por su calidad y sobre todo por su modo de interpretarlos:  Cuando estés sola, Beso extraño, Si mi corazón pudiera, En Puerto Azul.

Aunque mi disco favorito de Tito Rodríguez es “En Escenario”, este álbum donde interpreta además otros temas representativos de la idiosincrasia venezolana: como el Alma llanera, mezcla muy bien  los boleros con los otros temas bailables. Disco para los nacionalistas, para los románticos, para los “salseros” y los fanáticos de un excelente interprete de la música latina.

Mi mamá siempre contaba una anécdota sobre un amigo suyo muy admirador de Tito Rodríguez, que tenía una foto en su casa y le prendía velas, pues creo que hoy es buen  día  para  volver a  encender al menos un cerilla.

Calificación: 10/10

jueves, marzo 01, 2012

Carlos Torres “Torresito” Sin plugins ni Pro Tools


 
por: Luis Armando Ugueto



Ante la mirada desprevenida de los transeúntes que diariamente circulan por la esquina de Puente Soublette a Río, justamente al lado del edificio Andrea Doria de Quinta Crespo en Caracas, se encuentra parte de la historia del sonido grabado hecho en Venezuela.

Toco el timbre de Discorona y a través del vidrio veo a Carlos Torres “Torresito” sentado en la recepción esperando mi llegada, son la una de la tarde. El local donde me encuentro albergó un día las oficinas y estudios de grabación de “Vega” uno de los más importantes estudios de grabación del país.

Desde hace muchos años también funciona en este galpón Fonográfica Gilmar, otra discográfica de postín en la era del vinil, sin embargo “Torresito” me indica que hasta el piso sigue siendo el mismo de la época de “Vega”. Caminamos por los estrechos pasillos que nos conducen a las puertas de la antigua sala de grabación y control master, donde mi entrevistado trabajó como ingeniero de sonido de muchas producciones exitosas en los años sesenta.

Impresiona ver intacto el vidrio que divide la sala de los músicos del ingeniero, no es difícil imaginar una session de mezcla con los grandes artistas que grabaron aquí alguna vez.

¿Como te iniciaste en todo esto del sonido?
-    Desde muchachito, mi escuela fue Radio Caracas. Mi tío Jesús Torres,  que trabajaba con los Phelps en el negocio de la venta de equipos eléctricos y carros consiguió que yo entrara en la radio.

¿Que edad tenías?
-    No recuerdo, estaba muy jovencito, eso fue comenzando los cincuenta, no había televisión todavía.

¿Qué comenzaste haciendo en Radio Caracas?
-    Comencé en la discoteca, en el archivo de discos. Después me pasaron para la sala de corte de discos de 78 rpm que era el formato que había en ese tiempo.

¿Cómo era el proceso de transferencia de la época?
   La grabación se hacia en cinta y luego se pasaba a la máquina de corte a un disco de 78 rpm para hacer el master de las cuñas. Pero también grabé en discos grandes a 33 rpm en directo desde el auditorio al corte los programas como “A gozar muchachos”

¿Y cuando comenzaste a Mezclar?
-    Al tiempo, de tanto mirar y escuchar aprendí como se hacia una grabación y me pasaron a un estudio.

¿Existían escuelas de audio o cursos para profesionales?
-    No, todo era empírico, se aprendía en la práctica.

¿Cómo eran las consolas para hacer las grabaciones, de cuantas entradas de micrófonos disponían?
-    Eran consolas de radio con pocas entradas de micrófonos. Usábamos un micrófono para las trompetas, otro para los saxos, otro para el cantante y así. Teníamos que inventar porque se colaba el sonido de un instrumento hacia el otro si no le poníamos un protector al micrófono, algo que separara un poco el audio.

Me imagino que parte de la técnica era la habilidad para distribuir a los músicos en el salón.
-    Si, había que jugar con eso. El bajo, por ejemplo, se ponía en una esquina. Esa parte y la microfonía era fundamental, habían trucos, fíjate que a Juan Vicente Torrealba le grabábamos el arpa muy cerca del cuatro con el mismo micrófono.

¿Por qué?
 - Era el sistema que usábamos, así quedaba bien. Modestia a parte a Juan Vicente le gustaba trabajar conmigo porque decía que yo lo entendía.
¿Y la mezcla?
-    Hacíamos un balance previo a la grabación, todo era en el mismo momento sin posibilidad de repetir. Por eso grabábamos un poco del tema para que el director de la orquesta nos dijera si le gustaban los niveles y después si comenzábamos con el trabajo.

¿Y si los músicos se equivocaban?
-    Había que repetir todo otra vez, pero casi no ocurría, se trabajaba con mucha mística.

¿ Y si te equivocabas tu?

-    No me podía equivocar, por eso el director escuchaba un poco la mezcla antes de comenzar. Por ejemplo a Billo le gustaba que el bajo resaltara y todo lo demás a sus niveles normales.

¿Qué te parecen los software de grabación actuales?
-    Que son muy buenos pero tantos micrófonos son un problema para compactar el sonido en la mezcla.

Es significativo, que cada día los ingenieros de sonido traten de imitar las técnicas y los procesos creativos de sus viejos colegas volviendo la mirada (o la oreja) al cálido y “vivo” sonido analógico. Discos sensacionales como Back to back de Amy winehouse tienen esa cualidad, ¿No lo cree usted?

Gardel en Venezuela



I tried my best to feed her appetite, keep her coming every night, so hard to keep her satisfied…. Dice This love de  Maroon Five. Pues parece que en el tango los amores son así también: insaciables, al final el mundo no ha cambiado tanto ¿o si? A mi me gustan mucho las letras de las canciones, defecto profesional, y noto en el tango  irreverencia y estilo en contar lo que cuenta, ando pendiente de Gardel y de su viaje a Venezuela en aquella época perdida… encontré esto y lo comparto.

Fuente: Por Siempre Gardel

Como parte de la gira que estaba realizando, Gardel estuvo en Venezuela desde el 25 de abril hasta el 23 de mayo de 1935, por lo que se puede afirmar que el cantor pasó en este país el penúltimo mes de su vida.

El recibimiento

El jueves 25 de abril de 1935 Gardel llega al Puerto de la Guaira, procedente de Puerto Rico, en la motonave “Lara”. Era un jueves inolvidable para millares de venezolanos. Una multitud, calculada en más de 3.000 personas, esperaba en los muelles desde las 9 de la mañana a “El Divino Carlos” como lo había bautizado la prensa desde días antes.

A las once y siete minutos bajó Gardel del vapor “Lara”. Fue recibido por Luis Plácido Pisarello. Don Luis Plácido Pisarello, ciudadano argentino, con muchos años radicado en Venezuela fue el gestor directo de la visita de Gardel a Venezuela.

Una limousine estaba preparada para trasladar al ilustre visitante y en ella partió junto a sus guitarristas. Tanto fue el desborde popular que Gardel debió refugiarse en la fábrica de vidrios de Maiquetía. Allí bebió un refrigerio, calmando la sed impuesta por el calor reinante. Acompañado de sus guitarristas: Riverol, Barbieri y Aguilar, así como también de Le Pera, y tras sortear las dificultades que produjo el hacinamiento ocasionado por la multitud de admiradores, los viajeros lograron ser trasladados al hotel “Miramar” en Macuto.

Ahí es recibido por un grupo de más de cien mujeres, ante la sorpresa de los organizadores, ya que el almuerzo típico en el Hotel no había sido anunciado públicamente, para dar a los viajeros unas dos o tres horas de descanso. Gardel soporta los empujones y pellizcos de las damas hasta que es puesto a resguardo y llevado a la terraza del hotel donde están los representantes de la prensa. Además de Pisarello, estuvieron en el almuerzo Edgar J. Anzola director de la emisora de radio Broadcasting Caracas y Eloy Pérez Alfonso, excelso narrador de carreras de caballos y quienes fungieron de anfitriones del artista durante su estadía en Venezuela.

El periodista Manssur Dekash (MD) del diario caraqueño “El Heraldo” pudo entrevistar a Gardel (CG) brevemente:

MD: - ¿Cuándo nació en usted la afición al tango?
CG: - Eso fue en Buenos Aires. Usted lo sabe, surge en los muchachos al nacer. Lo mismo que en Sevilla no hay muchacho que no toree con la toalla a un toro imaginario, allá no hay quien no cante tangos. Profesionalmente comencé a cantar en los teatros, a fijarme en la gente que tenía un estilo propio y adquirí fama en mi país.

MD: - Qué le parece España?
CG: - Gran país España! Qué público tan comprensivo y tan acogedor. En cuanto acabe mis compromisos con el cine en Nueva Cork voy a volver. Conocí Madrid, Barcelona, Bilbao, San Sebastián. Pero yo quiero conocer Andalucía. Soñar bajo aquel cielo azul. Mientras no conozca Andalucía, no creeré que conozco el mundo bien. En cuanto pueda voy a España, porque esto de las películas me tiene embargado por completo. Este viaje ha sido como una escapatoria de colegial. No me quedan sino dos meses más y tengo que ir a Colombia, La Habana y México.

MD: -¿Cual de sus películas le gusta más?
CG: -De las hechas hasta ahora “Melodía de Arrabal”, pero tengo puestas todas mis esperanzas en “El Día que me Quieras”. Es una gran película de gran emoción sentimental y de un acierto formidable en la música.

MD: - Pues aquí, gustó más “El Tango en Broadway”. El público lo encontró más logrado, más definitivo, más, como si dijéramos, encontrándose a sí mismo como actor que en las otras películas.
CG: - Es posible. Usted sabe que los artistas somos unos pésimos jueces de nosotros mismos. Casi nunca coinciden nuestros juicios con los del público. Y como el público es quien forma nuestra fama, no cabe duda de que es él el que tiene razón.

MD: -Y de sus tangos cuál le gusta más?
CG: -A eso sí que no puedo contestarle. Me gustan unos u otros según el estado de ánimo en que me encuentro en ese día. Por eso yo nunca hago programas de mis actuaciones anticipadamente. Voy cantando lo que me siento con ganas de cantar.

MD: -Qué me puede decir de los millones de mujeres que lo aman en el mundo entero?
CG: -No hombre, no crea usted eso…! Yo he llegado a pensar que eso son infundios de mis compañeros de arte para hacerse reclamo. Naturalmente que yo, como todo el que se exhibe en público, he tenido mis éxitos amorosos. Pero no crea usted nada de eso de que lo agobian a uno las mujeres y le escriben tal cantidad de cartas todos los días, que preciso tres secretarias para contestarlas.

En Caracas

Al arribar a la estación Caño Amarillo en Caracas, el tren fue literalmente invadido por admiradores impacientes y Gardel debió ser resguardado por sus acompañantes. La Banda de Música “Ayacucho Nº 1” interpretaba pasodobles y valses criollos.

El recibimiento fue apoteósico. El gentío que se había agolpado en la estación del ferrocarril, estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de ver a Carlos Gardel. En un momento dado fue tal la presión del público, que los instrumentos de la Banda volaron por los aires, rodando decenas de personas por el suelo y resultando muchos con magulladuras y lesiones.

Las plantas del jardín de la estación ferroviaria fueron pisoteadas. Debió intervenir la policía y en los forcejeos, hasta el propio Alfredo Le Pera fue golpeado por error por un agente del orden. Y así, en medio de ese gran tumulto, los viajeros lograron refugiarse en los automóviles que les aguardaban, y partieron hacia sus alojamientos en el Hotel “Majestic”. Hoy no existe pero en la época, era “el más moderno y mejor situado”, según las promociones de turismo.

El trayecto, que no llega a mil metros no se pudo terminar en carro, el cual fue averiado por el público. Gardel bajó del mismo y llegó al Hotel caminando y a ratos en andas, sobre los hombros del público, durante varias cuadras.

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